EL PODER DE UN CORAZÓN QUE CREE. Parte 1

alelu_banner.png

moses_and_the_amalekites_by_eikonik.jpg¿Has pensado alguna vez en conocer a algún personaje de la Biblia? Creo que a todos los cristianos nos ha pasado ese pensamiento por la cabeza y llegamos a decir “cuando vaya al cielo quiero conocer a Pablo y le voy a preguntar…” cada quien se interesa por algún santo personaje bíblico; Moisés el libertador, David el adorador, Salomón el sabio, Elías el profeta de fuego, Eliseo el de la doble porción, Daniel el varón de deseos, José el integro, y la lista sigue y sigue. A diferencia del catolicismo romano, nosotros no les adoramos; pero sí los admiramos como ejemplos de fe y pasión por Dios, de ahí que les llamamos “héroes”. Pero ¿qué es un héroe? No me quiero arriesgar a buscar en el diccionario, seguramente encontraré algo así como: “dícese de una persona que actúa con heroísmo” lo cual no nos ilustra mucho. Mejor voy a contarte una historia que bien podría haber estado escrita en la Biblia junto con las de estos hombres, si hubiera acontecido por esos tiempos. Por favor acompáñame en esta lectura y comprueba por ti mismo que no exagero.

Imagínatelo a éste hombre: alto, fornido, ojos claros, de compañía agradable y aspecto formal (traje sastre y corbata muy bien combinados), padre de familia, con un muy buen puesto en una compañía transnacional, que le va bien económicamente; pero más importante aún; ama a Dios profundamente y es parte de un ministerio reconocido que trabaja con niños de la calle; además predica la Palabra y es miembro fiel en su iglesia. Su amor por Jesús y su obra no conoció límites, tanto que aparte de todo lo que ya hacía y había logrado, quiso estudiar música en una escuela para ministros de alabanza…y lo hizo. Investigo diferentes opciones y encontró la que mejor le pareció, se inscribió como cualquier alumno y a pesar de ser una persona adulta entre muchos chavos que “están en la edad de aprender” y a pesar de sus múltiples ocupaciones de padre de familia, ejecutivo de una importante compañía y ministro de su congregación siempre se distinguió como un excelente alumno; no conocía limites, estaba acostumbrado a ir más allá de lo convencional. Una persona exitosa en todos los sentidos. Pero (¡como odio esos “peros”!) un día, hace más de un año, en una de esas extrañas situaciones que escapan de nuestra comprensión ocurrió algo que cambio su vida y la de todos los que lo conocemos.

Cuando nos invitan como ministros de Dios a compartir la Palabra y a servir en lugares lejanos, siempre tenemos expectativas del viaje, y nos hacemos una serie de preguntas como: cuál es el mensaje de parte de Dios para la gente de esos lugares, como la gente recibirá esa palabra, cuál será el resultado de nuestra visita, en fin muchas cosas. También nos preparamos para todo; la Biblia es indispensable, nuestras notas del sermón, la ropa adecuada, oramos porque Dios bendiga el viaje etc.…pero ¿y si pasa algo malo durante el viaje?, ¡No!, ¡Ni pensarlo! ¿Cómo puede pasar algo malo cuando hacemos la voluntad de Dios?, ¿Cómo prepararse para recibir la desgracia cuando no está invitada en un viaje cuyo fin es honrar a Dios? es impensable, no debería estar ahí, es más, ni siquiera tiene que ver en esos negocios del Reino.

Había transcurrido apenas un mes y días de clases y éste hombre de Dios llamado Daniel, se despidió de sus profesores y de sus compañeros de clase un viernes como cualquier otro; viajaría en auto hacia Chiapas a predicar por una invitación que le habían hecho, a seguir cumpliendo el propósito de Dios para su vida, a servir a la iglesia y a hacer lo que apasiona su corazón: hablar de Jesús. Al día siguiente abordaron la camioneta que se supone los llevaría a su destino, Nancy, Luis y Daniel. Tres personas, tres amigos, tres ministros de Dios, siervos del Dios altísimo, como tú y como yo; con el mismo interés de servir a Jesús y entregarle nuestro ser…aunque eso implique la vida misma, ¿te identificas?.

freeway_09_by_designingrossa.jpgSalieron de la ciudad en una camioneta, entre Daniel y amigo se turnaban el volante en varias ocasiones, Nancy iba en el asiento trasero todo el tiempo. El viaje desde la ciudad de México a Chiapas es largo, son casi veinticuatro horas de recorrido, una distancia que hace trizas hasta en el más experimentado camionero y cuanto más en los que no están acostumbrados a semejantes recorridos. El sueño es un enemigo mortal en estas travesías, pero hay que pelear contra él, los negocios del Reino son importantes y hay que llegar a tiempo; a veces un corazón apasionado y aguerrido no mide los riesgos ¿te ha pasado algo así? A Luis le tocó esa cruel batalla cuando conducía…pero lamentablemente fue derrotado, era demasiado grande el enemigo. Nancy dormía plácidamente en la parte de atrás, no tenía de que preocuparse porque está escrito “en paz me acostaré y así mimo dormiré porque tu oh Señor me haces vivir confiado”, Daniel quedo dormido al lado del conductor, lo último que recuerda antes de perder el conocimiento es un muy fuerte golpe. Lo siguiente en esta historia es el relato de una dramática agonía y una tremenda lucha de Daniel con la muerte, el diablo lo quería muerto a como dé lugar. Continuará…

2 Responses to “EL PODER DE UN CORAZÓN QUE CREE. Parte 1”

  1. 1
    Anonymous Says:

    El poder de un corazón que cree.

    Esta es la historia de alguien que con una voz profética nos dice a ésta generación: “No digas que no puedes”, Daniel le ha creído a Dios y el Señor le esta bendiciendo. Atrévete a creerle a Dios y acepta sus desafíos.

  2. 2
    Magdiel S. Says:

    Tengo el privilegio de conocer a Dany, antes y despues de…
    Es desafiante la entrega de éste hermano nuestro, pues como profesor suyo de armonía, puedo calificarlo como a un excelente alumno, que no se intimida por sus limitantes sino que se esfuerza por lograr sus metas a pesar de ellas y utilizando los medios posibles.
    Un excelente alumno durante el curso.
    Felicidades Daniel, nos motivas y nos retas.
    Magdiel S. A.

Leave a Reply