Cuando lo que hacemos ya no tiene sentido.


dsc00387.JPGPor: Viviana Nañez http://www.en-espirituyverdad.com

20 . Febrero . 2009

(Usado con permiso)

 

Era viernes por la noche, llegaba de la universidad, me senté en mi cama con Biblia en mano; pasé algunas hojas, revisé algunos viejos apuntes, y no encontré nada, o tal vez no quise encontrarlo. Decidí que sería mejor dormir. Al día siguiente llegue al templo, dirigí una oración y comenzamos el ensayo; después nos coordinamos para el domingo y como siempre salimos a la misma hora.

 

En el servicio todo transcurrió con “normalidad”, si sabes a lo que me refiero, entenderás que la “normalidad” no es lo que un adorador busca, fue entonces cuando pensé: “¿qué está pasando? Ya no le encuentro sentido”, por unos días me sentí avergonzada, si, esa es la palabra: “¡como pude haber descuidado mi relación con Dios así!, ¿en qué punto había perdido el enfoque?”, analice mi tiempo devocional, no terminaba de comprender, hasta que un día un líder me escribe, y concluye con una frase que me impacto: “Viviana, ya no le encuentro sentido”, entonces entendí, “no era la única y era necesario que hiciéramos algo”.

 

No sé si esa frase a pasado por tu cabeza, si es así, es tiempo que nos levantemos y digamos: “Enséñame a hacer tu voluntad, por tu nombre oh Jehová me vivificarás” (Sal. 143:10-11). No me pregunto qué es la adoración, porque como hijos de Dios sabemos que es adorar al Padre, mi pregunta fue: “¿Cómo quieres que te adore Señor?”. No hablo de una forma de vivir, tu y yo sabemos que nuestra manera de vivir debe ser una adoración constante (Sal. 96:9). No era esa la pregunta en mi corazón, yo quería que como Ministerio le adoráramos de la forma que él quería. Rutinas y patrones abundaban, teníamos vestuarios diversos, la alabanza era hermosa; pero Dios abrió mis ojos cuando leí Génesis 22:2. No hay un pasaje que nos enseñe tanto del verdadero significado de la adoración como este.

 

Por ser sensible al llamado de Dios, Abraham descubrió “un nuevo lugar de adoración”. “Ve a la región de Moria” le dijo Dios, “Una vez allí, ofrécelo (a Isaac) como holocausto en el monte que yo te indicaré”. Abraham dejo su caravana, sus criados y la comodidad de su hogar para ir y descubrir este nuevo lugar, este nuevo monte de adoración a Dios.

 

A veces hay que ir a un nuevo “lugar” también, para descubrir el verdadero significado de adoración. Puede ser un nuevo lugar en el corazón o en las actitudes. Pero a veces necesitamos dejarnos guiar por Dios lejos de los valles de las costumbres a una montaña que él nos señale. Podemos estar tan acostumbrados a ciertas rutinas, patrones, programas, coreografías, a los mismos atavíos de adoración y a las mismas formas, que el espíritu de adoración se muere en la familiaridad. Empecemos como el salmista “enséñame tu camino”. No debemos temer de ir a ese nuevo lugar de adoración, donde encontraremos nuevas y frescas capacidades para adorar, encontraremos nuevas dimensiones de la bondad y la persona de Dios.

 

Lo primero que descubrió Abraham fue que rendirse a lo que pide Dios era la esencia de la adoración. Abraham creía que Isaac era suyo, por un momento olvido que Isaac era un regalo de Dios y que Él tenía derecho a pedírselo. Lo mismo ocurre con todos nuestros dones. Todo lo que tenemos ha sido comprado por precio (1 Co. 6:20), debemos estar dispuestos a entregarle a Dios los “preciados Isaacs” que están en el centro de nuestro corazón, ¿puedes comenzar a entender la naturaleza radical de la verdadera adoración?

 

Dios no demanda nuestras costumbres, nuestras técnicas, nuestros preciosos porque las necesita, sino porque sabe que necesitamos ser liberamos del control que ejercen sobre nosotros. Dios nunca exige un sacrificio por su divino placer o por alimentar su orgullo, el objetivo es nuestra liberación, nuestro crecimiento. Tampoco te lo pide por hacer explotar tu corazón o para destruir el cuerpo de Isaac, lo hace para quitarte el temor de que Dios no se preocupa por lo mejor para ti, para su iglesia.

 

Solo cuando destruyes todas tus costumbres, la cotidianeidad de tus ministraciones, tus programas preestablecidos, tus patrones reaprendidos, tus rutinas modificadas y mejoradas, te acercaras lo suficiente al “nuevo lugar de adoración” y entonces dejarás de ver servicios “normales” para ver un Dios “extraordinario” obrando a través de una adoración total y plena, solo tenemos que estar dispuestos a que aquel a quien adoramos nos enseñe.

One Response to “Cuando lo que hacemos ya no tiene sentido.”

  1. 1
    Cynthia Hernández Says:

    EN verdad que está reflexión es digna de considerar y de vivir, gracias a Dios en el precioso nombre de Cristo por estas palabras tan especiales no solo para mi, sino para el crecimiento de la Iglesia, muchas gracias por publicar este mensaje de Dios. Bendiciones.

    Cynthia Hernández

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