¡Primero lo primero!


moment_of_worship_2_by_zappe.jpg¿Qué es lo primero que debe hacer un gobernante recién nombrado por su nación? Seguramente pensarás en regular la economía, programas sociales, crear empleos, dar viviendas, trabajar para hacer un mejor país con oportunidades para todos, etc. Todas las respuestas son correctas; es más, las hemos escuchado en las campañas de los políticos de todo el mundo que incluso llegan a caer en el populismo, en fin…todas esas cosas hacen falta, pero el tema no es la política sino nuestros grandes temas la Alabanza y la Adoración.

Vayamos con David, él ha sido proclamado rey de Israel  (2ª Sam. 5:1). El panorama no es nada alentador; después de la muerte de Saúl, su antecesor, Israel es una nación dividida enfrascada en una guerra civil, sin liderazgo, un pueblo sin una identidad como país y en manos de sus acérrimos enemigos: los filisteos, ante quienes los israelitas temblaban de miedo, al fin y al cabo ese fue el ejemplo que Saúl como Rey les dio en el Valle de Ela  (1ª  Sam. 17:11) Pero ahora las cosas son distintas, el pastor de Belén llega al trono, el niño que cantaba en las colinas de Judea con un corazón apasionado por Dios había sido coronado unánimemente por los ancianos de Judá e Israel; era el tiempo del cambio (como diría Obama) de hacer algo por la nación. La persona correcta estaba en el lugar correcto a la hora correcta, en medio del tiempo de la necesidad, pero ¿Qué era lo que realmente necesitaba Israel? ¿Un buen rey? ¿Un buen ejercito? ¿Unidad? ¿Murallas para protegerse? ¿Conquistar a sus enemigos? ¿Seguridad financiera? ¿Programas sociales? Sí todo eso era necesario y lo consiguieron, pero hay algo que es prioritario sin lo cual nada hubiera logrado David y es muy posible que hubiese pasado a la historia como un rey sin pena ni gloria. Lo primero que hizo David al llegar al trono de Israel fue traer la presencia de Dios a Jerusalén, como en su niñez y adolescencia David seguía con su santa obsesión por la presencia de Dios, además él sabía que donde la gloria de Dios reposaba allí había prosperidad como la que él había alcanzado en su corazón.

Cuando David era un niño pequeño e insignificante, al menos para su familia que ni a las reuniones importantes lo invitaba, él aprendió a adorar a Dios en la soledad del campo junto a sus ovejas. Podríamos esperar muchas cosas de un niño despreciado, traumas, vicios, agresividad, miedos profundos, personalidad depresiva, etc., pero menos a uno de los mas grandes lideres del que el mundo tenga memoria, el prototipo del Rey por excelencia, el músico virtuoso, el guerrero invencible y valiente en la batalla, el poeta inspirado que más ha vendido en la historia de la humanidad, el mejor representante de la debilidad humana que depende de Dios, el cual el Señor Dios Todopoderoso prometió perpetuar su linaje real por la eternidad. ¿Qué hizo a David tan especial a pesar de sus errores? Dios mismo dio testimonio de él “varón conforme a mi corazón” (Hech. 13:22)

David nunca fue a una terapia para curar sus traumas (aunque personalmente creo en la utilidad de la psicología tanto como de la medicina como herramientas que Dios nos da), no estuvo en grupos de ayuda, ni tampoco se encuentra en el registro bíblico una liberación o ministración por algún súper-ungido de la época; sin duda todo eso le faltaba y le hubiese hecho algún tipo de bien. Pero como todos sabemos el deseaba a Dios, no sólo su bendición, ni sólo los beneficios que conlleva confiar en el Señor. David amaba a Dios, sobre todas las cosas anhelaba su presencia y su gloria; Saúl es la figura de aquel que sólo se interesa por las bendiciones de Dios y no en su presencia: “¡Samuel! No me dejes quedar mal delante de las personas, ¡hónrame delante de todos!” prácticamente fue la petición  que le hizo al profeta cuando cayó en pecado, mientras tanto David clamó a Dios: “No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu” (Sal 51:11) ¿Vemos la diferencia? Saúl quería algo de Dios, mantener una imagen, un reino y su propio orgullo, por el contrario David, al sentirse descubierto, no hizo petición alguna por mantener su reino o su poder como rey del Israel, su prioridad en ese momento, y siempre, fue la presencia de Dios, es decir, lo quería a Él.

Para David la clave de su éxito como líder de una nación floreciente fue traer la presencia de Dios, que el Señor habitase literalmente en medio de su pueblo; las conquistas, la prosperidad económica, el bienestar del pueblo y la extensión de su reino, solo fueron consecuencia de ésta sabia decisión, ¿podremos aprender de este ejemplo y hacer lo mismo para nuestras vidas, ministerios y congregaciones?

ENFOQUÉMONOS EN EL MINISTERIO DE ALABANZA.

Hoy en día ambas figuras, de Saúl y de David, se siguen reproduciendo en las vidas de los creyentes de ésta época. Los que diezman por obtener más bendición financiara y no por amor, obediencia y reconocimiento a Dios, los que van a la iglesia como si se tratase de un club social, los que tienen una religión que acalla sus conciencias y no una relación viva con el Dios vivo, los músicos del alabanza que “sacan el trauma” en la plataforma en vez de adorar y cuando son puestos en disciplina prefieren organizar su propio grupo de música para “predicar” a los no conversos en vez de someterse a la corrección.  

Por otro lado conviene considerar que vivimos en lo que algunos sociólogos llaman postmodernidad. “Los niños ya no son como antes” rezaba un comercial de televisión promocionando leche ¡es verdad! La gente ya no es como antes, estamos inmersos en una cultura relativista donde cada quien tiene su verdad y buscan algo que satisfaga dicha verdad relativa de acuerdo al gusto de cada quien. La satisfacción tiene como fin estimular los sentidos y las emociones; de ahí que hoy en día la publicidad es prioritaria para cualquier producto o servicio. Tecnología, gadgets, modernidad, creatividad, crear necesidades, soluciones, etc., son conceptos producto de una sociedad capitalista que consume locamente, pero recordemos, por lo general con la misma rapidez que consumimos lo que se nos vende, así mismo lo desechamos una vez satisfechas esas necesidades; reflexionemos: no sea que solo estemos “vendiendo” el mensaje de salvación estimulando los sentidos y las emociones de los congregantes, que una vez “satisfechos” salgan de nuestras congregaciones sin cambio substancial alguno. Hoy en día en el nombre de la innovación y la creatividad se raya en la superficialidad. En algunas de las congregaciones más “open mind” se deja de lado la presencia de Dios y en ocasiones (gracias a Dios muy pocas) coreografías sugestivas, música para entretener, manipulación de sentimientos, equipo de luz y sonido para impresionar, actividades de entretenimiento más que de crecimiento espiritual, etc. Son las estrategias y programas mas utilizadas hoy en día, no digo que estén mal sino que esto nunca podrá sustituir a la presencia de Dios y que dichas estrategias solo son un medio, no el fin.

Ahora bien, como todo avance de la humanidad, ya sea de conocimiento o tecnológico, tienen su utilidad en el Reino de Dios usándolo sabiamente (ver Mateo 13:52) Pero ¿Qué pasa si nos enfocamos en lo publicitario y estimulante para atraer gente a nuestras iglesias y a nuestros servicios de adoración y alabanza a Dios? Los métodos y las estrategias pueden llegar a sustituir fácilmente la presencia de Dios en los corazones de las personas que jamás han probado de la verdadera presencia de la Gloria de Dios y en los corazones de aquellos cristianos tibios que “ya no sienten lo de antes” y por lo tanto conformarse con un simple estimulo a sus sentidos y emociones; viéndolo bien el peligro es bastante grande: podemos perder el objetivo primario la presencia de Dios como el medio más efectivo de atraer gente a nuestras iglesias. En el nombre de la creatividad, la innovación y el estar “ad hoc” con la presente cultura es posible perder el hambre y la pasión genuina por la presencia de Dios obrando en nuestras vidas y ministerios. Recordemos que cuando David llevó el Arca del Pacto a Jerusalén y cometió el error de querer hacer lo que todo el mundo hacia: llevarla en una carrera “como todos los demás lo hacían” ¡ese era el ultimo grito de la moda religiosa de aquel tiempo! ¡Transportar a los dioses en carretas!

LA CULTURA, LA ALABANZA Y LA ADORACIÓN.

La cultura, como su nombre lo dice, viene de un culto y el culto es producto de la revelación de un dios, en nuestro caso del único Dios vivo y verdadero y de Jesucristo Su Hijo, nacido de una virgen, a quien ha enviado a pagar el precio por nuestros pecados y a darnos vida eterna por la obra de regeneración, perfeccionamiento y santidad del Espíritu Santo obrando en nuestras vidas; ésta es la base de nuestra cultura cristiana, la cultura que es prioridad vivir es la cultura del Reino de Dios y su gobierno; recordemos que éste consiste “no en palabra, sino en poder” (1ª Cor. 4:20) en realidad creo que lo mas importante que nos hace falta es el Poder de Dios obrando en nuestras vidas como cristianos, en consecuencia tendremos cambios substanciales en nuestras iglesias, en nuestras reuniones, en nuestros servicios de alabanza, en nuestra música y en nuestras canciones; lo demás “viene por añadidura” (Mateo 6:33) No sea que volvamos a poner el Arca del pacto en carretas tiradas por bueyes.

Por otro lado es importante considerar necesitamos nuevas formas de comunicar el evangelio y echar mano de las tecnologías y estrategias actuales. Cierta ocasión escuche a nuestro Director Ministerial, el pastor Samuel Vázquez, preguntándoles a sus alumnos en el CCMAA “¿Qué haría el apóstol Pablo con un celular, un auto y una laptop con conexión a internet hoy en día? Si a pie predico en toda Asia menor, seguramente en nuestro tiempo él solo ya habría evangelizado a todo el mundo” Impresionante ¿verdad? A Pablo no le hacia falta nada, lo tenía todo “para mí, el vivir es Cristo y el morir ganancia” (Fil. 1:21)

¿Dónde están esos Charles Finney, Jonathan Edwards o Wesley que llevaban sobre sus hombros la gloria de Dios como los antiguos levitas? En su momento ellos no encajaban ni en la cultura ni en el movimiento religioso de su época ni dependían de técnicas ni de programas para atraer a la gente a la presencia de Dios; lo que marcó la diferencia en ellos fue su hambre y deseo por el rostro de Dios, no solo por  su mano llena de bendiciones.

En resumen, siempre habrá algo que falta para hacer mas efectiva nuestra vida como cristianos y más interesantes nuestras congregaciones, pero solo la presencia de Dios satisface el gran hueco en el corazón del ser humano; por lo tanto, lo único que en verdad necesitamos.

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